
Sangre. Sangre se agolpa galopa golpea
en mi hemisferio
izquierdo. De a golpes. El olor salado del mar ha penetrado a mi camarote y sube una densa humedad que coloca mis pensamientos en
escalera. Por favor.
Dibujan las manos unos círculos de hielo en la habitación, surcos, bengalas,
transpiraciones. Marean.
Analía extiende frena derrite eleva protege
frágil cuerpo madura chorreante delicia cristal humos sin aroma
se balancea delicadamente
su piel levanta dulce bandera ácida y el olor de la sal
viola mi cara, avisa, llama, mi torso se masacra del deseo.
Por favor.
"El primer hombre que va a tocarme eres." De sus labios. Ojos.
Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres.
Una foto se negativa en mis ojos débiles, fuertes. Sus cabellos nunca colgaron
de mi mano, de las manos,
de todas la manos. De ninguna.
El cuello se me tuerce en un espiral
instantáneo y casi no puedo leerla. Analía. Un pequeño cuerpo
perfecto. La línea se dobla con el olor del mar. La sangre se congela
en mi hemisferio derecho.
Piel blanca. Campos florecidos. Tierra húmeda. Calor blando. Esperar. Y no.
Mi torso se masacra.
Hay entregas sin entregas. Por favor.
Afuera puerta. Chico rico Vladimir sentado en el pasillo
levanta el humo de su cigarro. Espera.
Carcajea descolgando aflojado la mandíbula
y escupe.
Por favor.
Por favor.
Por favor.