Zar Par


El puerto. Es de madrugada o más que la madrugada.
Melinda convidó "hey, hay egipcios aquí aún! hagamos una fiesta, dancemos en honor de los dioses!".
Marcos, desde la ventana, volvió la vista a su nave: translúcida, etérea, chocante, demasiado parecida a la basura. Lloró dos minutos y bebió su tequila. Lloró dos horas y bebió su novel cóctel de amarguras. Y un dejo a madera vieja...

Y zarpamos.

Gualichos.


Caribe. Partir del azul cristalino. Parir del azul tanino.
Melinda borbotea: "Ay Marcos, guárdate de aquellos quienes tengan hedor profundo! Antes de ayer, al ir en un autobús, yo sentí la ofensa escandalosa del olor a caca de un ser humano! Ay de mí, ay de nosotros!"
La luna se arquea, escondida. El cielo hace un par de arcadas azules, grisáceas, mi estómago protesta.
Marcos: "¿Pensaste que el olor pudo venir de los zapatos? es decir, quizá la persona había pisado mierda! ¿Pensaste en eso, Melinda?"

Babor o estribor dejo caer un discreto vómito. Creo que la sal del mar lo purifica, es hora de retirarme.
El cielo deja caer su bomba de agua, deshecha en hilachas, chubascos, chapuzones y gualichos.
Melinda se moja.

Punta del Bestia

Sol. Estamos cerca de Punta del Este. Sol de mediodía. Punta del Este. El olor agridulce a perfumes, a fierros, a plásticos quemados me lo dice.
Melinda luce su malla y Marcos le aceita su aceite, una enzima sexual chorrea babeante por la cubierta, translúcida, invisible, intangible, exasperante.

Y sube el chico rico Vladimir: Flaco y con un eterno rictus europeo, erecto, sube a cubierta descubierto y acompañado por sus zarpados enanos desgarbados. Nos ignora por completo. Y se acomoda parapeta escribe en su reposera única.
Sé de sobra que tipos así darán un espectáculo, un show: mi padre, mi hermano Julián, yo mismo cuando enfermo...
Y va.

Uno de los zarpados osa escupir en cubierta, la sal lo desesperó o la brisa marina o la vida... El chico rico Vladimir supura una mueca marrón desde sus ojos, lanza una trabada carcajada disonante y...
No sé cómo explicarlo. No lo explico.
Cae el desgarbado al agua. Sus compañeros enanos agachan la cabeza mientras un cristalino y gelatinoso trozo de saliva les va cayendo en sus cabezas. El chico rico Vladimir deja claro el lugar de los excesos, el lugar de las sanciones, el podrido sitio obtuso y tibio del error.

Melinda sonríe. Agita tímidamente zorra sus cobrizos pechos o cánceres de piel y se manosea el pelo. Me gusta. Y marcos murmura murmura murmura algo de insultos anomalías y otras peleas.
El sol de Punta del Este ondea su fuego desparejo por mi cabeza, el aroma de mi propio tabaco ya es cadavérico. Y en un segundo de fresca luz (luciérnaga) recuerdo que el mejor lugar en verano es acostarse bajo la cama, el contacto del la espalda cargada con el fresco suelo, la oscuridad elegida... Y bajo bajo bajo bajan mis hombros y el pecho hasta mi camarote.

Poema a Melinda

A Melinda

Oh Melinda, eres tan linda...
Oh Melinda, eres tan bella...
Tus labios de carne parecen guindas,
tus ojos de día parecen estrellas...

Oh Melinda, eres tan buena...
Oh Melinda, eres tan sana...
Tu presencia nunca provoca pena,
tu corazón nunca sacará canas...

Oh Melinda, eres tan fresca...
Oh Melinda, eres tan útil...
Vivirás eternamente en la pesca,
morirás eternamente...

31 de Diciembre o Primero de Enero



Siento la tensión.
Los brazos dormidos quiebran en fuerza blanduzca, desmayan mi cabeza. El alcohol me pone eufórico, flácido, pálido, irreprimible, Pantagruel, inservible.
Melinda luce se luce ilumina sus esquinas se perfuman brillan
su histeria explota por todos lados
brazos de
todos los hombres del barco.
Y yo quiero ser
el hombre que abrace a Melinda. Es tan linda...

Mis dedos agarran en rudo la baranda. Intento una bocanada de aire de mar. Oigo la voz de Marcos...
"¿Es necesaria tanta luz en el cielo, tantos fuegos de artificio, tanto alboroto? La cúpula negra ya es hermosa por sí misma, y además, no entiendo por qué festejar todos los años la llegada del año nuevo. Es como si siempre estuviéramos esperando algo mejor, como si nunca estuviéramos satisfechos, todos los años queremos más!"

Oxidado, parpadeante y sincero. Me siento en el piso. No me gusta mi cabeza.
Debería beber agua.
Siento mi perfume. Me gusta.
No hay muchas mujeres en este viaje.
Me molesta el reloj pulsera.
Esperaré un rato a estar mejor.
Y para comenzar como nunca nunca nunca nunca nunca
el año nuevo
esta noche me acostaré con Melinda.

¿Qué hora es ahora?

Cajón


Ya. Hay un olor barroco aquí. Olor a arcillas, a merienda sin ganas, a humedad.
Sonríe Melinda. Siento que todo el temblor
pasado (minutos),
toda la visión y la fuerza,
mi coraje, mi pulsión,
fueron lentamente cortados de raíz por
una filosa cuchilla. Empuñada por Melinda.

O miedo o alegría o fastidio o nada.
Sonríe Melinda. Se seca magistralmente el semen de la mano,
mano cajón mano armario mano ropero mano mueble hermético madera olorosa marrón garra
cajón
donde sé que me guarda. Ahora.
Siempre.

Melinda sale. Su vestido va como vino. No hay danzas ni egipcios, menos fiestas.
No hubo cuerpos arqueados laqueados desmesurados
ni hormiguitas por la espalda. Son horas desde que abre la puerta hasta que
desaparece.
En tierra. Me gustaría estar cerca de la orilla.
Entierra.

Rata


Creí que tanta agua. Todo fluiría.
Y todo nada.
Océanos repletos lacónicos destellos metales plomizos verde lapizlázuli.
Nada. Herrajes ferruginosos sonidos a chapas copulando resecas
es lo que me ata. Rata.
"¿Habéis visto? La cantidad de nubes grises se mezcla con el color gris del agua y parece que no existiera el horizonte! Es increíble lo que puede verse en el mar!" Dejó caer Melinda.
Esperé el trepidante castigo de Marcos sobre el comentario. Pero no llegó.
Hoy Marcos ha ido a su cuarto muchas veces
y ha vuelto sin
furia.
Creo en el desierto, en las pirámides, en las rocas porosas y lo seco. Reseco. Secarse por dentro.
Violines tintineando despacito despacito lento y lento. Los ojos de la rata se aguzan, delgados, y todo ser abandona hoy
su hambre.
Y todo nada.

Vino


Plato. El agua plato.
Sobremesa de sobremesa en el comedor del barco nave crucera
cruz era.
Y algo serpenteó en la orilla de la mesa:
Vino llegó el vino en bandeja
una moza joven hermosa
de mandíbulas apretadas y
autoridades desprendiéndose como cabellos de la
cabeza de Medusa.
Y Marcos se convirtió en piedra...
"¿Señor? ¿Hay algún problema?"

Melinda y yo comprendimos aprendimos sobrevivimos a que Marcos no pudiera dejar de morir infinita mente mirando a la niña. Piedra.
Por fin, algo apareció desde la boca de Marcos.
"¿Cómo te llamas... c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c c cuál es tu nombre?"

Melinda dió regaló obsequió forzó trapeció un salto de gata baleada
y en el aire la pirueta herida
de muerte rasgó la herida
reventó herida. "Por Dios, Marcos!!!"

Estoy seguro que el ojo diestro de la moza siguió la enfermiza parábola de Melinda en el aire, mientras el ojo siniestro concretaba despedía sepultaba lapidaba malabareaba a Marcos.
"Ava, señor, mi nombre es"
Marcos soñaría todas las noches sin sueño con esa fotografía.

Enseguida comprendí clavada mente millones de melodías de putrefacto amor que escuché durante todo el viaje. Solo que este aquel no era mi viaje (equipaje peaje herraje raje linaje).
Y la mujer puso el vino sobre la mesa sin descorcharlo. Y lo dejó.
Y se fue.

Sangría


Tierra. Toca la nave otra vez lugares otros otros.
El clima tropical avanza desde la playa como una embarazada cansada, pálida, osada, desconfiada.
La noche se ancla en playa, luces bailes fiesta colores reventado comida fanfarria
alimento para los llenos. Yo
anclo
en
mi
camarote.

Se hincha la mano de la sed del control remoto
la humedad de la costa cede con el volumen del televisor.
Y la sal de las
papas chips
me deja un profundo tajo abierto
alimento para el vacío. Es como conversar con
el hambre en persona, compartir
la soledad de los apetitos. Todos.

Abre se abre la puerta. Melinda se escurren sus piernas
egipcia bronce reflejo y una sonrisa lisa requisa
propone engulle sacia vacía traga plaga jala y
espera respuesta...

Medio momento. Centro cierro sueldo los ojos en la pantalla me dejo
explotar en los colores enfermos de la
soledad que soy
que QUIERO. QUIERO verme
enfermo pobre triste muerto andrajo cadaver lástima desangre penumbra
porque hoy. Y no
transar transaccionar negociar evaluar venderme comprar
nada.

Melinda no ha soltado el pestillo. Su red de seguridad.
Y sale. Se va. Se va se va se va se va
se va se va se va se va
se va se va se va se va
se va se va se va.
Se va. Se va.
Se va.

Hoy he puesto a las sanguijuelas que sorben la sangre podrida
dentro mío.
Sangrían.
Y toco tierra.

Underworld


Siesta 4 días.
Emerjo lentamente y al espejo. Contemplo me contemplo
allí mi templo es. Ojos de y boca de.
Sonrío. Underworld. La ducha me perfuma lentamente y cae la resaca se
disgrega por el resumidero de la ducha. Fluye.

Noche. Bajo las escaleras por prima vez. Los colores, jamás
vi los colores. Suena Underworld. La gente se construye se destruye en los sonidos agridulces de la música. El aceite de oliva huele a caramelo, el vodka a
milagros.
Siento un leve masaje en la nuca. Un leve olvido un leve recuerdo. Familiar.
Una pequeña muchacha blonda holandesa sueca escandinava. Noruega.
Su nombre juega con mi boca de vodka. Ün. Una sonrisa.
Suaves manos livianas de
hambrienta ardilla.

Camarote sándalo. Una laptop escupe
Underworld diagonalmente. Luz caída.
La boca de mi pecho decide
dejar de fumar.
Y entro en un orgasmo profundo, un río largo y frondoso, una
intermitente sensación de hermoso dolor, de
intensa anestesia,
de
piel que cuaja. Y ella
no lo sé.
Ün.

Aroma del mar me despierta por prima vez. Curioso.
La veo dormitando. Un leve olvido
un leve recuerdo. Sonríe. Ojos de mi padre y
boca de mi madre. Familiar.
Cierro muy suave suavemente la puerta y el sonido del cerrojo es
perfecto. Underworld.
Sonrío. Sándalo es el aroma del abanico
de la madre de mi madre.
El sol, en la cubierta, en la cara, me complace.
Está como siempre, como
nunca,
el mar. Ojos de mi padre y
boca de mi madre. Viento y sol. Brisa y calor.
Bostezan mis manos dentro de los bolsillos. Sonrío Río.
Ahora estoy en viaje.

Underworld II


I'm invisible. Cuando siento que el nudo se des
ata.

La rueda rueda peluda. Siento la vibración de la piel me sumerjo
en el néctar de esta vez Asia.
Su cuerpo inmenso tenso denso sabe
a perfecto trozo de dulce pantano blanco. Tibio. Blando.
Cowgirl. Y millones de mensajes eléctricos me explotan
mi cara comienza a caminar toda la noche, mi cuerpo
habla
respira. Cuando siento que el nudo se des
pedaza.

I'm Invisible.

Recupero una energía ancestral, viven
mis manos hoy para contarse colarse encontrarse colapsarse
millones de agujas vibran un
perfecto trozo de eléctrico blanco. I'm invisible.

Everything. Cabe mi cabeza en el ojo de una cerradura
de almíbar caliente. Everything. Everything.
Everything. Everything.
Everything. Everything. Every, everything. Everything.
Everything. Everything.
Despierto, tiemblo como todas las hojas.

I'm invisible.

Underworld III (por favor)


Sangre. Sangre se agolpa galopa golpea
en mi hemisferio
izquierdo. De a golpes. El olor salado del mar ha penetrado a mi camarote y sube una densa humedad que coloca mis pensamientos en
escalera. Por favor.
Dibujan las manos unos círculos de hielo en la habitación, surcos, bengalas,
transpiraciones. Marean.

Analía extiende frena derrite eleva protege
frágil cuerpo madura chorreante delicia cristal humos sin aroma
se balancea delicadamente
su piel levanta dulce bandera ácida y el olor de la sal
viola mi cara, avisa, llama, mi torso se masacra del deseo.
Por favor.

"El primer hombre que va a tocarme eres." De sus labios. Ojos.
Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres. Eres.
Una foto se negativa en mis ojos débiles, fuertes. Sus cabellos nunca colgaron
de mi mano, de las manos,
de todas la manos. De ninguna.
El cuello se me tuerce en un espiral
instantáneo y casi no puedo leerla. Analía. Un pequeño cuerpo
perfecto. La línea se dobla con el olor del mar. La sangre se congela
en mi hemisferio derecho.
Piel blanca. Campos florecidos. Tierra húmeda. Calor blando. Esperar. Y no.
Mi torso se masacra.
Hay entregas sin entregas. Por favor.

Afuera puerta. Chico rico Vladimir sentado en el pasillo
levanta el humo de su cigarro. Espera.
Carcajea descolgando aflojado la mandíbula
y escupe.
Por favor.
Por favor.
Por favor.

Niebla


La humedad que permite.
O ciega. Agosto.
Atravieso el pasillo decidida mente. Nadie ha de cruzarme en él. Voy
a irme en mi tubo hacia la superficie. Aquel que fui y va colgando de mi
ser, no quiero que esté. No. Aunque.
Veo los hombros, las luces de las ropas, el crucero se descalza de gente en este puerto. Y hoy en tantos meses,
bajo. Hay unas manos vertebradas que elevan mi espalda y
abro el pecho a la
dejar el agua. Dejar el agua. Fluir donde todos fluyen y
dejar el agua.

Es niebla. El puerto se despereza sin quebrar la contractura de la mañana. Es niebla y moja la cara. La humedad que permite...
Y ciega.
Soy un muñeco que recorre los mercados sumergidos. Mis manos embolsilladas aguardan como niños aburridos la vuelta al barco. Sobreponerme.
Y son tantas mujeres que me han traído aquí.
O ciega.
Melinda. Tarjeta de crédito. Bolsas de papel. Sahumerios. Souvenirs. Me entrega me ve me converso con ella. "¿Habéis visto las curiosidades monísimas que tienen estos hombrecillos aquí?" Me entrega en las manos aturdidas un presente una bomba una salida una señal una
catarata que ya
no quiero.
Pero sonrío y una dura quiebra contractura se me disuelve cálida y cadavéricamente
muerta por la espalda.
Es otra Melinda. Igual huyo. Pero es otra Melinda.
O yo.
Y me entrego a la densa de Agosto. Hablan mis ojos como nunca en tierra. Nieblan.
La humedad que permite. Vibrante cola de lagartija.
Y en mis pasos secuenciados al crucero,
despeja. Alto y cierro los ojos.
Comienzo.

Marcos


Quizás haya sol. Pero sé que verlo dolería.
El tabaco tajea una vez más mi rostro, achico los ojos y voy bien adentro
contra el viento. Una resaca dulzona mimosa dulce redonda muscular
Ün ha estado aquí, su vuelo.
Y los golpes en la puerta agarran mi sonrisa. Marcos pasa.

Debió ver un trono de basura debió sentir sentarse frente a un sonriente espantapájaros
sin trabajo. Y cuando le tiendo un tabaco para marcarlo dentro, para invitarlo a jugar,
no lo ve. Ni me ve. Nada ve. Y
tiemblo. Es un temblor serpenteante, un calor enfermo en los hombros.
"Fuera el día está hermoso" y se tapa la cara con su mano derecha, se
destapa.
Marcos deja bullir un espasmo con su cara agotada en la mano. Sé lo que viene. Nunca lo vi, pero mis serpientes no mienten.

Llora. Es profundo el frío que siento en los huesos. Llora. Mis hombros se tuercen como una enredadera. Llora como un niño
de boca abierta, muriendo en bocanadas pegajosas. Mueren los gritos, se despedazan en garganta. Sus músculos no le alcanzan. Sus marcos.

Y le entrego todo mi silencio. Como un gato. Todos los días de nubes y olas y choques y metales y pájaros escasos. Todo mi silencio lo envuelve y
entiendo. Le doy
las gotas de lo mudo. Lo embalsaman, le mascan las heridas como arena, lo anestesian hasta babearse, chorrear su húmeda masa gris o lo que
mierda sea.
Océanos.

Siento el frío como abrazo de padre. Unos pasos descalzo y me pongo la campera,
enciendo otro tabaco.
Estoy seguro. Y firmemente
le llevo todo mi silencio.
Pensé que verlo dolería.
Hay sol.

Mueca


No poder lograr sostener agarrar los lápices o
ellos se deslizan como culebras, inasibles.
El sol tuerce sus gruesas caricias a lo largo del viento, sus cuerdas.
Tomaría todo el aire hoy, absolutamente
todo el aire hoy. El mar debe ser un gran sahumerio.
"Ay, hola! ¿Habéis estado perdido, pequeño loquillo? No te hemos visto en el comedor."

Dos sudores bajan. El sol y
Melinda. Pero mis párpados no se mueven y en el medio centro lugar eje muro,
en el contorno de mis aires, le llevo una estática e indolora
mueca a Melinda.
La pintura se descorre un momento de su cara
se desgarra
se desgrana
se desgana, se desviste, se muere, se pudre, obsoleta,
se muere. Un momento.
Se descalza, se pincha. Se descascara. Casi casi como descubrir un
pezón.
"A ver pues cuándo nos dignas con tu presencia y volvemos a ser los tres de siempre, pues!"

Transita el sol. Lo amo.
O lo amo porque volverá.
Sus cuerdas. Sus culebras,
inasibles.